Rocío Hernández Triano

Beata ego

 

Jessie Willcox Smith: ¡Más libros en casa!

 


BEATA EGO (DONDE SE HABLA CON LOS POETAS MUERTOS, AMOROSAMENTE) Dichosa fui pues conocí en los libros el árbol sensitivo de Darío, el mar Mediterráneo de Cavafis, las ballenas podridas del Nueva York de Lorca, la canilla reseca del desierto de Rulfo, la hiperbólica boca amorosa en Hernández, el choclo pan amargo que alimentó a Vallejo, el ataúd austral de la lluvia en Neruda, los riñones exóticos que sufría Aleixandre, el gallo lapislázuli que amanece en Alberti e incluso la ceguera argentina de Borges. La gacela va herida por un dios sanjuanista, la llaga mortifica el amor en Teresa. El tremolar de Bécquer, el pronombre en Salinas, la patética unción de España en Jovellanos, la cojitranca estepa que cabalga Cervantes, la famélica patria que gargaja Quevedo, el hambre lazarilla y el llanto mitológico del ciego Max Estrella, el espantajo, el grito, el sucio traperío de sus Comedias bárbaras, los terrores biológicos del casto de Baroja, el hígado y el buitre que criaba Unamuno, la catarata dulce de Azorín de posguerra y el dolor en sordina del pecho de Machado. Los espejos convexos del bueno de Mihura, los espejos impares que sufre Gil de Biedma, el jugo de mandorla que espantaba Valente bajo el sol de Almería para amansar la nada. Ángel González mira casi con esperanza un dorado diciembre y en Méjico se muere Cernuda de costado con todo el sur ardiendo y el sur es Benedetti y Delmira Agustini y Alfonsina y el agua salada en sus pulmones; los esclavos modernos de una balada en Cohen saludan a los místicos, mientras Octavio Paz comulga con Sor Juana y Beatriz nos abre la puerta al paraíso y el dulce Garcilaso delira con pastores y en el tapiz que tejen las ninfas posmodernas gallean los novísimos y pálidos poetas cantan su dolorido sentir con un lenguaje urbano y cordialísimo. La palabra es un don, compasión eucarística donde encontrarnos todos. Santos con quien comulgo, panteón de paganos, dioses lares, ubérrimas Venus que me amamantan. Benditos los amigos apócrifos de un libro de una niña en provincias.


 

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