Efi Cubero

Funámbulos

 

Josep Guinovart: Saltimbanqui (Detalle del Mural de Mundet. Foto: Dvdgmz)

 


HACIA EL FONDO El eco transportando las voces del pasado. Pero yo soy presente. Un presente sin norte que me arrastra a la trampa de la huida, la engañosa agudeza de la aceleración o aquello que la voz hace metáfora tras lo direccional de la zozobra. Mas tú eres el enigma sin fisuras, la mirada tan alta como navegadora más allá de los ojos sin fronteras en la inseguridad de lo habitable. La geométrica forma que se encuentra en el disperso libro de la naturaleza, la irrealidad del mundo proyectada sobre la imperfección de lo que vives, este profundo azogue que me obliga a bucear en pos de la grafía con la que escarba emancipado el tiempo. El inmenso lenguaje que me enseña a emerger, mirar hacia tu fondo y abismarme.
TIEMPO Escribo para el Tiempo. Y el tiempo no es el tiempo de mi piel, sino el hondo temblor de otra sustancia.

Sólo la niebla asedia y se prodiga, mientras tú te resguardas de las oscuridades das la espalda al olvido y asciendes por pendientes indecisas.

La mirada es abstracta y el mundo se adivina bajo el cielo tan negro sobre la noche que hunde su infortunio aguardando la luz.

Ya llegará el rumor de la mañana como escama de pez escurridizo.

Ahora tan sólo quiero estar aquí, lugar de los contrastes, las colinas, el mar y tu recuerdo, la blanca libertad que me silencia, porque todo es profundo y abisal y a veces muy oscuro de tan claro donde cada verdad toma su asiento se diluye y dispersa tras la hueca apariencia desahuciada.
Blanco


AGUA Dar la vuelta a la vida. De pronto atravesarla una tarde sin tiempo donde el mar se avecina de espaldas al cansancio, y observa como busca su azul mi afán de agua que alimenta espejismos de los peces como si no existiera otro mañana. El sol me proporciona un poco de ceguera el mar y un libro bastan a la boca de arena un rugoso papel para palabras que vuelven del silencio mucho más duraderas que la propia existencia. Te yergues como un verso con alba incorporada, en la escisión, barrera de ti misma, que demora el acceso hacia otra clave, dentro y fuera de ti, como si el mundo fuera a derrumbarse y la fuerza del libro te salvara.
CONCORDIA Es una rama, sólo es una rama. La milenaria rama que perfumaba a Homero, que inspiraba al sufí que fue y que sigue siendo, paz sobre nuestros campos. Inmutabilidad de raíces que escarban sobre las mil batallas. Perpetrada ceniza del guerrero olvidado. Pavesas de poetas que jamás perecieron. Tras las bardas, su luz agita el tiempo. Nos devuelve al cercano volar de la concordia en la boca sin hiel. La promesa del espectro visible. Las ánforas selladas, lo profundo, en el pecio intranquilo del deseo.
DE AUSENCIAS La oscilación del viento despeina los juncales, justifica la luz, acama mansamente la ondulación del trigo y vibra con la lluvia, lenta y limpia, sobre esta soledad. Siento la mordedura de la noche, las vértebras del barro sobre la propia piel, vuestra presencia en niebla confundida, corteza de silencio sobre tanta memoria de aquella voz amparadora y honda, grave y precisa de tabaco y lumbre junto al aroma puro del cantueso y la jara, o con el eucalipto mercenario, balsámico e intenso de los últimos días. Vuestra mirada que abarcaba el mundo: lo que fue nuestro mundo. Del friso que formabais los amados unidos al paisaje queda sólo la estela, un rastro en lo inasible. Queda esta huella viva, vigorosa, de una luz de campiña. De una voz de campaña que ahora siembro a voleo, plena de sencillez, sobre esta tierra fértil que se entrega como el dolor cuando lo vence el tiempo.
FUNÁMBULO (A JSM) Funámbulo que escapas de la imaginería, de la palabra airada y de lo apocalíptico, tensa la línea de lo incierto y anda en tiempos de barbarie en el vacío afianzando ese punto de equilibrio por la trama, sin red, de la cordura.
IDUS Un cielo gris de enmarañado signo. Escritura de ausencia. La lluvia es un presente que golpea al otro extremo siempre de sí misma. Y estos idus de marzo clavándome la daga de su frío en lo inestable de las intemperies. Los vientos saben lo que tú escribías, sin concepto ninguno el alfabeto, cuando todo eran luces sin misterio desde La clave de los pocos años. El enigma después, llegó más tarde, cuando el interrogante sin respuesta firme sellaba lo que te alentó: esta forma de ver, sentir y ser, esa mirada en soledad desnuda acompañada siempre por los ojos de los extraños que te precedieron. Esas voces que fueron y que son Y viven- sobreviven- con palabras que a veces se preguntan el por qué pero no el para qué pues nada esperan. Sólo ser parte viva y para siempre de ese destino infiel, de esta locura, donde adopta otra forma la existencia.
CRIBA Cribar aún más que el escribir. Cautela. Reserva sobre el oro que deslumbra consciente de que pueda ser pirita, inmune a la fanfarria del hallazgo, y volver —como siempre— eludiendo señuelos a la contradicción de lo incurable.
PALABRAS Como las aguas bajan a posarse en las manos. A veces son nocturnas, de luna pensativa y nos desvelan. Y otras veces, con su lumbre de siglos, nos dictan el secreto de las revelaciones. Oyes con otra luz de agua despierta, bebes así la irrealidad del mundo... Y eres tú y no eres tú. ¿Cómo explicarlo?


 

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